



¿Todo bien por allí? Aquí las cosas van más o menos como siempre. Y que escriba sin tener nada que decir -como de costumbre- no tiene mayor importancia, salvo que escribo. Supongo que eso es suficiente. O más que suficiente, el aleteo de una mariposa. Aunque el efecto sólo revierta en mí.
Como era de esperar ya he cogido frío una de estas noches y el dolor de garganta vuelve a ser mi fiel compañero. Qué haríamos el uno sin el otro!
Hoy estuve hablando con mi jefa, vuelvo en octubre. No sé, podríamos seguir introduciendo nuevas variables, pienso, pero reconozco que no me han gustado los resultados las veces que lo he hecho ya. ¿No te fastidiaba aquella sensación al abrir la pegatina y leer “sigue buscando”?. Vale la comparación. No sé si será ésta la mejor opción a cualquier nivel, pero es la mejor anímicamente hablando y tengo la impresión de que -al fin y al cabo- es lo que más cuenta.
Besos y hasta pronto.
Canto IX *
Hace su aparición el piel roja en escena, un mueble de Luis XIV, zapatos dorados, pinturas de guerra, el bullicio de una fuente y todos los vértices inadecuados. Una foto sin encuadre, un cuadro sin imagen, la pobre luz de un estanque, el humo a cuatro vientos, un cuerpo grande, la voz, un salón de cinco techos, todos los bolígrafos que no escribieron, un gato inmóvil, los puentes sin cruzar, el miedo sin tener: esposado en un rincón oscuro; la ropa sucia, el silencio que más duele, la amistad que menos importa, un cd de grandes éxitos, el verde, un viaje de más de 380 páginas, el libro del tesoro y un mapa que acaba en la frontera. Un oasis para dos. Las flores que buscan el sol, una tarde indemne, la constelación de Andrómeda, el merezco la grandeza tatuado a la espalda, la carretera vacía, un templo a la distancia, vainilla bourbon sobre la almohada, el fin de un verano largo como una espada y una despedida. Una despedida que -no pretendas engañarte- jamás lo fue.